La temporalidad colapsada
Cristina Pintos
By: Cristina Pintos
 
Saturday, February 29, 2020

En más de una ocasión he escuchado a personas decir que les gustaría “controlar el tiempo”; esta expresión me resulta muy curiosa debido a que las personas piensan que controlando ese simple sistema medición es como se pudieran llegar a controlar ellos mismos.


Los días y las noches siempre pasaran y no hay manera de impedir que se agregue un minuto más al reloj, pero considero que de una manera un tanto metafórica, el tiempo si puede ser controlado por nosotros, pero de una manera psíquica.


Comprender lo que es en sí el concepto de tiempo es una tarea de difícil aprehensión; se ha tratado de teorizar al respecto, así como también se han generado diversas posturas filosóficas al respecto.


Parménides de Elea plantea que se vive en un eterno ahora, sin movimientos, ni cambios, ni tiempos y que el ser simplemente “es”.


Por otro lado, la concepción lineal o absolutista, concibe al tiempo como un continuo temporal infinito por el cual las cosas van pasando, siendo el ser independiente del tiempo, se escinde totalmente del mismo.


Kant define al tiempo como un “a priori”, como una condición universal y necesaria para la existencia de los fenómenos.


La concepción circular concibe al tiempo como una flecha curva que describe un círculo. La tesis metafísica de Nietzsche, “El eterno retorno del mismo” establece la identidad entre ser y devenir de una manera difuminada. Y coincido con Schopenhauer quien concibe la historia como aquella en la cual se repiten los mismos eventos, pero con diferentes personajes.


La postura relacionista del tiempo determina que no es independiente del espacio ni de sus componentes, sino que el tiempo está indefectiblemente ligado a él. Einstein y la teoría de la relatividad acabaron con la idea de un tiempo absoluto debido a que cada persona debe tener su propia medida del tiempo.


El tiempo para Heidegger, es finito; el ser pregunta por su existencia, se encuentra, tiene afectos, reacciones y se encuentra con la muerte poniendo un fin histórico.


Lacan conceptualiza al tiempo en términos del psicoanálisis, en donde el tiempo lógico es el tiempo del acto analítico.


El tiempo de la sesión por parte del analista es fundamental y no debe determinarse únicamente por el reloj. Es el analista quien delimita la duración de la sesión y no es por romper el discurso, sino para dar luz a la palabra verdadera, por lo tanto, el tiempo no es ajeno al sujeto.


Según Lacan, la situación analítica “trastorna el tiempo, hace presente lo pasado y lo modifica, transformando, a su vez, al futuro”. Por lo tanto, se trabaja siempre con un “presente de lo pasado”, un “presente de lo presente” y un “presente de lo futuro”.


Para Freud, el puente entre el pasado y el presente, implica la superación de la teoría traumática debido a que los recuerdos de determinada vivencia suelen ser más traumáticos que la vivencia misma. Hacer consciente ese “puente” entre el ayer y el hoy y traer el “pasado presente” es lo que liberaría del trauma, la repetición de la vivencia.


Heidegger complementa la teoría de la temporalidad de Freud afirmando que el pasado no se encuentra “atrás”, sino que se carga en el presente, tal cual sucede en el psicoanálisis, en donde tanto pasado como futuro se encuentran en el presente, pudiendo releer y reescribir la propia historia.


Por medio del psicoanálisis es como se puede traer al presente ese pasado y tener la opción de reescribir la historia, por lo tanto, nuestro pasado puede resignificarse y ese “controlar el tiempo” se puede hacer realidad.


cristina.pintos@hotmail.com