Mil pinceladas sobre el lienzo, mil historias que contar…
Cristina Pintos
Por: Cristina Pintos
Tuesday, February 25, 2020

Todo el proceso que se realiza detrás de una pintura siempre me ha resultado enigmático y acogedor, mágico, intrigante, fantástico y único, pero siempre real a la luz del artista y ante los ojos de cada espectador.


Nunca pensé en el hecho de poner una sola pincelada sobre el lienzo, pero de tan sólo pensarlo, un maravilloso conflicto saltaba a mi mente. El proceso de pintar me resulta “abismalmente similar” al de escribir: ambos tienen como consecuencia, u objetivo, esa descarga que plasma invariablemente al artista en todas y cada una sus obras.


Esos mágicos conjuntos de letras que se escriben en infinidad de páginas, tienen la tarea de crear historias, vidas y momentos. Sobre el lienzo, cada pincelada, cada punto y cada color, vuelven estático un mágico momento que una vez finalizado, permite que surjan mil historias por contar.


Como lectores, en cada una de las historias que leemos, le ponemos color a cada palabra; como espectadores, en cada una las pinturas que vemos, a cada color le ponemos una palabra. Por lo tanto se torna, de nueva cuenta, mágico.


¿La magia más grande? La sutil posibilidad de simplemente seguir CREANDO si así lo deseamos.


La historia del arte no deja de ser vidas, momentos y situaciones en las cuales miles de personas se vieron envueltas: miles de pinceladas sobre infinidad de lienzos, miles de vidas sobre infinidad de páginas.


La capacidad que tenemos para crear sobrepasa cualquier situación y me parece que eso es lo que nos determina; somos sujetos “causales” que día a día sublimamos y creamos para encontrarnos y para tenernos, el arte ha resultado ser un excelente catalizador y el pretexto perfecto.


Por alguna razón, el escribir siempre lo he asociado con un proceso un tanto depresivo pero rehabilitador; crear de “la nada” historias profundas en páginas blancas le permite al depresivo, al menos de manera simbólica, llenar ese vacío que le aqueja, pudiéndolo hacer en completa soledad, consigo mismo y con nadie más.


El pintar lo asocio con un proceso más “loco”, o psicótico como dirían algunos, pero con una libertad delimitada en cuanto espacio (el lienzo), pero nunca en profundidad ya que una pintura puede ser tan profunda como al pintor le plazca, tal como esas mismas historias.


La profundidad está en quien la crea, en quien la vive y en quien se atreva a plasmarla; pintada, escrita, compuesta o simplemente vivida resulta ser lo de menos, lo importante es que sencillamente esté.


Y a todo esto, ¿para qué y por qué la comparación entre el pintar y el escribir? Para la simple satisfacción del deseo y por el placer de también pintar con palabras historias y momentos.


cristina.pintos@hotmail.com